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12 de agosto de 2026Moré Imanuel Ben Efraim
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El Tejelet y los Tzitzit: El Color que la Torá Mandó, el Jilazón que el Hombre Inventó

En el borde de cada prenda de cuatro esquinas, la Torá manda poner flecos. No es decoración. Es recordatorio. Pero hay un detalle en ese mandamiento que ha dividido al pueblo judío durante siglos, y que hoy, gracias a la ciencia y a una lectura honesta de las fuentes, podría dejar de dividirnos. Me refiero al hilo azul.

וְנָתְנוּ עַל צִיצִת הַכָּנָף פְּתִיל תְּכֵלֶת

Venetnu al tzitzit hakanaf petil tejelet.

Y pondrán en el fleco de la esquina un hilo de tejelet. (Bamidbar 15:38)

La palabra es tejelet. No jilazón. La Torá no dice "un hilo extraído del Murex trunculus". No dice "un hilo que solo puede producirse con la secreción de un molusco marino de la familia Muricidae". Dice tejelet. Un color. Un azul oscuro, real, profundo. El color del cielo justo antes de que la noche lo devore por completo.

Y sin embargo, hoy, la mayoría de los judíos religiosos usan tzitzit blancos. ¿Por qué? Porque en algún momento de la historia, la tradición oral vinculó el tejelet con una criatura marina llamada jilazón, y cuando esa criatura dejó de estar disponible — o cuando el conocimiento de cómo extraer el tinte de ella se perdió — la comunidad rabínica decidió que mejor blanco que azul incorrecto.

Pero aquí hay una pregunta que casi nadie se hace: ¿la Torá mandó un color o mandó un caracol?

El jilazón en el Talmud

El Talmud en Menajot trata extensamente el tema del tejelet. Describe al jilazón como una criatura marina cuya sangre — en realidad, su secreción hipobranquial — se usa para teñir. Pero el Talmud también deja pistas de que no todo el tejelet del mundo venía del jilazón.

תְּכֵלֶת דּוֹמֶה לְיָם וְיָם דּוֹמֶה לִכְסֵא הַכָּבוֹד

Tejelet domeh leyam, veyam domeh liche haKavod.

El tejelet se parece al mar, y el mar se parece al Trono de la Gloria. (Talmud Bavli, Menajot 43b)

Nota algo crucial: la definición talmúdica del tejelet es visual. Se parece al mar. Se parece al cielo. Se parece al trono. Es una definición por color, no por ADN. Si el tejelet fuera esencialmente el producto de una especie biológica específica, la definición sería taxonómica: "es tejelet si viene del jilazón". Pero no lo es. Es: "es tejelet si parece el mar".

El Talmud en Menajot 42b-44a discute las pruebas para identificar al jilazón. Menciona que sale una vez cada setenta años. Que su sangre es negra como tinta. Que se prueba en lana y si el color resultante es tejelet, es válido. Pero todo ese discurso es sobre identificación de fuente, no sobre definición del color. Es decir: si tienes un candidato que dice ser jilazón, aquí tienes cómo verificarlo. Pero el Talmud nunca dice: "si no viene del jilazón, no es tejelet".

Eso es una inferencia posterior. Una inferencia lógica, sí, pero no un mandamiento explícito.

La pregunta lógica que nadie hace

Pensemos en la cronología. El mandamiento de los tzitzit se da en el desierto, poco después del Éxodo. Los israelitas acaban de salir de Egipto. Vagan por el Sinaí. ¿De dónde sacaban el tejelet?

El jilazón — si es el Murex trunculus o especie similar — vive en el Mediterráneo, principalmente en la costa de Fenicia, norte de Israel, y zonas de Grecia. En el desierto del Sinaí no hay moluscos marinos. En el desierto de Parán no hay moluscos marinos. Si el tejelet dependía exclusivamente del jilazón, ¿cómo cumplieron el mandamiento durante los cuarenta años de tránsito?

La respuesta obvia es que no dependía exclusivamente del jilazón. O que había otras fuentes de azul. O que el tejelet era un color que podía obtenerse de múltiples fuentes, y el jilazón era solo la más común en la época talmúdica, cuando el texto fue redactado.

La arqueología ha encontrado restos de tinte púrpura y azul en sitios fenicios, en Tel Shikmona, en el norte de Israel, y también en sitios del interior, lejos de la costa. Eso sugiere que el tinte se comerciaba. Pero también sugiere algo más: que el azul no era un monopolio biológico de una especie. Los fenicios, famosos por su púrpura, usaban el Murex. Pero otras culturas del antiguo Cercano Oriente usaban añil — un tinte vegetal extraído de plantas del género Indigofera — para producir azules similares.

הַיּוֹצֵא מִן הָאִילָן וְהַיּוֹצֵא מִן הָעֵשֶׂב אֵין מְעָרְבִין

Hayotze min hailan vehayotze min haesev, ein mearvin.

Lo que sale del árbol y lo que sale de la hierba no se mezclan. (Talmud Bavli, Shabat 77b)

El Talmud distingue entre fuentes vegetales y animales en muchos contextos. Pero cuando se trata de colores para mitzvot, la distinción no siempre es por origen biológico. El tolaat shani — el carmesí de los tzitzit — viene de un insecto (Kermes o similar). Pero si ese insecto se extinguiera, ¿dejaríamos de usar carmesí? La lógica talmúdica sugiere que buscaríamos una fuente que produzca el mismo color. Porque la mitzvá es del color, no del insecto.

El añil y el descubrimiento arqueológico

En los últimos decenios, arqueólogos han analizado restos textiles de la época del Primer y Segundo Templo encontrados en cuevas del desierto de Judea, en Qumrán, y en otros sitios. Algunos de esos textiles muestran fibras teñidas de azul. Cuando se analizan químicamente, algunas contienen indigotina — el compuesto químico del añil — y no monobromoindigotina, que es el marcador del tinte de Murex.

Esto no prueba que todos los tzitzit antiguos usaran añil. Pero prueba que el azul de los tzitzit no era monopolio del jilazón. Que en la práctica histórica del pueblo judío, el color era el criterio, y la fuente era variable.

La química moderna nos dice algo más: el color tejelet es una percepción. Es una longitud de onda de luz. El ojo humano no distingue si un azul proviene de un molusco, de una planta, o de un laboratorio sintético. Lo que ve es el color. Y la Torá mandó un color.

וּרְאִיתֶם אֹתוֹ וּזְכַרְתֶּם אֶת כָּל מִצְוֹת יְיָ

Ureitem oto uzejartem et kol mitzvot Adonai.

Y lo veréis, y recordaréis todos los mandamientos de Adonai. (Bamidbar 15:39)

El propósito del tejelet es verlo. Es un estimulo visual. Si el propósito fuera biológico — "lleva consigo moléculas de molusco" — la Torá lo habría dicho. Pero el propósito es ver un color que te recuerde el cielo, que te recuerde el mar, que te recuerde el trono. Es una tecnología espiritual de memoria. Y una tecnología de memoria funciona por percepción, no por taxonomía.

La posición de la Halajá Evolutiva

La Halajá Evolutiva no dice: "hagamos lo que nos convenga". Dice: "volvamos a la razón de la ley y preguntémonos si los medios que usamos para cumplirla siguen siendo los adecuados".

La razón del tejelet es recordar. La razón del jilazón era producir el color que recordaba. Si el jilazón ya no produce ese color de manera confiable, o si su identificación es dudosa, o si simplemente no está disponible, el medio ha dejado de servir al fin. Y cuando el medio se convierte en obstáculo para el fin, la ley rabínica — no la Torá, la ley rabínica — debe ser reevaluada.

El Talmud mismo establece este principio:

מִצְוָה בָּאָה לְךָ עַל יְדֵי עֲבֵרָה — אֵין מִצְוָה שְׁמָהּ

Mitzvá baá leja al jedei averá, ein mitzvá shemá.

Si una mitzvá te llega a través de una transgresión, no se llama mitzvá. (Talmud Bavli, Suká 30a)

Si para obtener tejelet de jilazón hace falta destruir ecosistemas marinos, o si la identificación del jilazón es tan incierta que genera división en el pueblo, o si el costo es tan prohibitivo que la mayoría del pueblo queda excluida de la mitzvá, entonces el medio se ha vuelto contraproducente. No es que la mitzvá haya desaparecido. Es que necesitamos un medio distinto.

Y el medio distinto ya existe: el añil. O cualquier fuente de azul que produzca el color que la Torá mandó. La química del añil produce indigotina, que es idéntica en estructura molecular a la base del tinte de Murex. El ojo humano no distingue la diferencia. El cielo no distingue la diferencia. Y la Torá, que mandó el color, tampoco distingue la diferencia.

La objeción tradicional y su respuesta

La objeción clásica es: "pero los sabios dijeron que el tejelet viene del jilazón, y nosotros no podemos contradecir a los sabios".

Esto es cierto en principio. Pero los sabios mismos nos enseñaron cuándo sus palabras son vinculantes y cuándo no. Cuando el Talmud dice "el tejelet viene del jilazón", está describiendo la realidad de su época. No está estableciendo una definición eterna. Si fuera una definición eterna, el Talmud no habría dedicado páginas a discutir cómo identificar al jilazón. Habría dicho simplemente: "cualquier azul que no venga del jilazón no es tejelet". Y no lo dice.

Además, los sabios del Talmud vivieron en una época en que el jilazón era accesible. No enfrentaron la pregunta de extinción. No enfrentaron la pregunta de costos prohibitivos. No enfrentaron la pregunta de que el azul del jilazón moderno — extraído por métodos químicos que los talmudistas no conocían — produce un color diferente del que ellos usaban. Si ellos hubieran enfrentado estas preguntas, ¿qué habrían dicho?

La respuesta está en su propio método. Cuando una realidad cambia, los sabios reevalúan. Eso es lo que hicieron con el yavnet en Shabat, con la terumá en la diáspora, con cientos de leyes que dependían de condiciones históricas. El tejelet no es diferente. Es solo más emocional, porque toca la identidad visual del judío religioso.

Conclusión práctica

Los tzitzit son blancos porque el pueblo judío, en su humildad, prefirió no arriesgarse. Prefirió decir: "si no estamos seguros del jilazón, mejor no usar tejelet". Esa humildad es noble. Pero no es obligatoria.

La Torá mandó un hilo azul. No mandó un hilo de molusco. Si tienes acceso a azul — de añil, de planta, de cualquier fuente que produzca el color del mar y del cielo — estás cumpliendo la mitzvá. No estás inventando. Estás volviendo al mandamiento original, liberado de la capa histórica que lo convirtió en privilegio de pocos.

El tejelet no es un secreto de laboratorio. Es un color. Y los colores pertenecen a todos.

וְהָיָה לָכֶם לְצִיצִת וּרְאִיתֶם אֹתוֹ וּזְכַרְתֶּם אֶת כָּל מִצְוֹת יְיָ וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם

Vehayá lajem letzitzit, ureitem oto uzejartem et kol mitzvot Adonai vaasitem otam.

Y os será por tzitzit, y lo veréis, y recordaréis todos los mandamientos de Adonai, y los cumpliréis. (Bamidbar 15:39)

Que volvamos a ver el azul. Que volvamos a recordar. Y que dejemos de confundir el recipiente con el contenido.


Moré Imanuel Ben Efraim Centro de Estudios Hebraicos Bene Israel