Reflexión de esta semana
חַיֵּי שָׂרָה
Parashat Jayei Sará
Génesis 23:1 – 25:18
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Los años que esperan
וַיִּהְיוּ חַיֵּי שָׂרָה מֵאָה שָׁנָה וְעֶשְׂרִים שָׁנָה וְשֶׁבַע שָׁנִים
"Y fueron los años de la vida de Sará ciento veintisiete años"
Bereshit 23:1
La parashá se llama "La vida de Sará" y comienza contando su muerte. El Midrash enseña que la vida de los justos no se mide por su final, sino por su contenido: los ciento veintisiete años de Sará "fueron todos iguales en bondad" (Bereshit Rabbá 58:1). Vivir bien es llenar los años, no solo contarlos.
Sará esperó noventa años por un hijo. Noventa años de sonrisas amables cuando le hablaban de la promesa, de silencios en las noches sin luna. Y sin embargo, cuando Itzjak nació, ella misma nombró la paradoja: "Risa me ha hecho Elohim" (Bereshit 21:6). La espera larga no mata la alegría: la destila.
Avraham compra la cueva de Majpelá — la primera posesión legal de Israel en la tierra prometida. Y es una tumba. El primer pedazo de la promesa fue un lugar para enterrar a los muertos. La fe madura entiende que la herencia incluye también las despedidas.
Eliezer viaja a buscar esposa para Itzjak y pide una señal: que la joven ofrezca agua a él y a sus camellos. Diez camellos, cientos de litros. Rivká no solo cumplió la señal: la desbordó. El carácter se revela en los gestos que nadie obliga.
Los años que esperan no son años perdidos. Sará lo demuestra: la promesa que madura despacio llega con sabor más profundo. Si hoy estás en la sala de espera del Eterno, recuerda: los embarazos de las promesas no se miden en meses, sino en generaciones.
— Moré Imanuel ben Efraim
Fuente: Midrash Bereshit Rabbá 58:1